Cualquier ruta que te lleve a ver los glaciares de Alaska es espectacular. Que sea por tierra o por mar, glaciares, naturaleza exuberante, animales salvajes es lo que puedes encontrar en la última frontera.

Para ver glaciares en Alaska no debes ir muy lejos, basta con conducir en carro al rededor de Anchorage, su capital y corriendo con suerte, si no está muy nublado, deleitarte con montañas llenas de coníferos de muchas tonalidades de verdes y amarillos, varios lagos inmensos, vastos, silentes, ríos repletos de salmones rojos que, de tanto batallar, han mutado su color para despedirse de sus últimos minutos de vida, nadando a contra corriente y buscando llegar al mismo lugar en el que nacieron para cerrar su ciclo de vida.

Y de pronto, maravillado con la exuberancia de la naturaleza te quedas estupefacto por lo que se impone al fondo. Si nunca has visto un glaciar, te puedo decir que es muy impactante.

Un glaciar es como si se el agua gigante se hubiera regado y congelado en un instante Clic para tuitear

Es como si se hubiera chorreado entre las montañas cuesta abajo, y justo al momento de llegar al valle, al final del límite, se hubiera congelado y hubiera quedado suspendida eternamente, desde hace millones de años. 

Estar frente a un Glaciar genera una sensación de respeto, de responsabilidad, de discernimiento. Clic para tuitear

Es como si comprendieras que tu formas parte del ciclo de vida de este planeta, que ese glaciar juega un papel fundamental en la producción de agua que llega a los océanos, de agua fresca que nace de sus entrañas, que nos tomamos en la mesa, que usamos cuando nos bañamos y que tiramos cuando dejamos el grifo abierto. No es que se te raye la cabeza con un discurso ambientalista, es que de verdad te entra la pensadora y te sientes pequeño ante tanta grandeza. Cobras dimensión. 

Bueno, así nos sentimos nosotros frente a Matanuska, así se llama el señor Glaciar. 

Es increíble la cantidad de cosas que nos hizo pensar el Señor Matanuska.

Primero, te sientes en otro planeta. Si te has visto la película Interstellar, quizás recuerdas el famoso planeta de hielo en el que Matt Damon queda encerrado por tantos años. Pues Matanuska te da esa misma sensación de extrañeza, de distancia con la realidad que conocen tus ojos, acostumbrados a ver árboles, montañas y ríos.

Agrégale además, que se te encoge un poco el corazón al notar que estás caminando sobre rocas que aún se resisten a perder los trozos de hielo derretido que se aferran a sus paredes, y de pronto, caes en la cuenta de que el glaciar se ha recogido.

Se escucha el correr del agua bajo tus pasos. Se respira oxígeno puro. Tus ojos se pierden en el azul opalino profundo del hielo sobre el que caminas. Matanuska te permite conectarte con el palpitar de la tierra. Como que le sientes el corazón al planeta. Te pierdes en sus entrañas, te permite observar, callar y saberte pequeño. Muy pequeño.

Es interesante el impacto que generó en nosotros estar frente a un glaciar. Realmente somos afortunados de haber podido conocer al señor Matasuka y de estar hoy escribiendo todas estas sensaciones sobre él, sobre ellos, todos los glaciares.

Justamente, por eso queremos hablar también de los cruceros en Alaska, porque si hay algo que valió mucho la pena en nuestra visita a la última frontera, fue haber decidido tomar un crucero.

Pues si, aunque cuando pienses en crucero de inmediato imagines la playa de arena blanca con palmeras y caribe en furor, en Alaska, uno de los paseos “obligados” es el de un crucero para explorar sus paisajes desde el océano. Es que si casi nos derretimos contemplando Alaska en carro, no te puedo describir lo que se siente experimentarla también desde el agua. 

 

Podrás disfrutar de paisajes inigualables además de ver la vida salvaje de Alaska en vivo y en directo, en su estado real de libertad y eso no tiene igual. Además de quedarte nuevamente atónito, desde una embarcación, ante el hielo hecho inmensidad, podrás ver a unos metros de tu embarcación ballenas jorobadas, delfines similares a las orcas, leones marinos, focas, águilas…

Esto fue lo que nos tocó a nosotros en menos de cuatro horas en el tour del crucero de los Fiordos de Kenai en la península de Seward. Nos pudimos extasiar frente al Glaciar Holgate y sus desprendimientos de hielo. Hasta el final estuvimos acompañados por ballenas jorobadas al lado del barco. Fue INCREIBLE! Quiero quedarme con esta sensación. Esa que seguramente te transmití también a tí y que espero te motive a visitar la última frontera algún día. 

Si estás dudando sobre si tomar o no un crucero en Alaska, sólo podemos darte una recomendación: Embárcate! 

La experiencia de ver Alaska, de recorrerla en carro, en barco, es una de esas experiencias que marcarán para siempre nuestra vida. Anchorage, Fairbanks, Seward y eso que sólo conocimos la punta del iceberg! 

Te dejamos con una de las frases con las que la última frontera se despidió de nosotros: 

Alaska dijo adiós con el nombre de una flor: No me olvides Clic para tuitear

Tenemos más historias y consejos sobre Alaska (sorpresas camino a Fairbanks, qué llevar en la maleta) para que planifiques bien tu viaje.

Pregúntanos si tienes alguna duda, comenta abajo, será un placer asistirte para que llegues a la última frontera. Si este artículo puede interesarle a alguien, compártelo! Gratitud viajera infinita y buen viento!

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