Después de décadas de conflicto armado se pueden recoger los pasos de los grupos al margen de la ley, que hace varios años, transitaron los mismos caminos en una guerra territorial de narcotráfico. Hoy, campesinos y excombatientes nos guían en busca de la ciudad perdida, a través de senderos en las montañas y nos cuentan como pasaron de cultivar coca a ser promotores de turismo.

Buscar comprender la complejidad de Colombia es como tratar de comprender porqué nació el realismo mágico. En efecto, la paradoja colombiana es tan grande que aquí, todo aquello que parece incomprensible o inverosímil tiene cabida.

Es verdad, Colombia es encantadora, su gente, sus paisajes, su diversidad, su música, sus sabores. Es un país de tantos colores y culturas que los mismos colombianos desconocen su patrimonio, esto se debe también, a una realidad dura que vivió el país desde 1948, cuando se desató la guerra civil que desbocó en el surgimiento de guerrillas con las que apenas ahora, en el 2016, se firman acuerdos de paz.

 

En las ciudades, los colombianos fuimos quedando rodeados, no podíamos salir, temiendo las famosas “pescas milagrosas” dicho con jolgorio para referirse a secuestros inescrupulosos y a extorsiones por grupos armados al margen de la ley, así que aprendimos a vivir de esa manera, confinados en las ciudades. Pero en el campo la historia fue otra.

El campo: de batalla

Así, nos fuimos convirtiendo en la nación que personificaba el narcotráfico en todas sus etapas, desde la siembra hasta la exportación, la que encarnó al capo de los capos, la que vendió al mundo la droga de la mejor calidad, porque cabe aclarar sobre el consumo, que la producción se la inhalaron siempre otros.

Si, en el campo la historia fue otra porque allí fue en donde se libraron todas las batallas, allí fue en donde se refugiaron los grupos armados, en donde conquistaron pueblos y en donde despojaron y desplazaron a los campesinos, en donde se perpetuaron masacres y en donde se sustituyeron los cultivos de alimentos por plantaciones ilícitas.

Resistencia silenciosa

A orillas del mar Caribe, en el nacimiento de la cordillera de los Andes, se encuentra el pico montañoso con nieve a orillas del mar, más alto del mundo: la Sierra Nevada de Santa Marta. Es un santuario de flora, fauna y cultura ancestral. En esa montaña viven desde hace siglos diferentes grupos indígenas que han preservado el territorio y han sabido persistir como pueblo, en pacífica resistencia durante siglos: a los españoles y sus despojos en la época de la conquista, a los guaqueros saqueadores en el siglo XX, a los grupos guerrilleros que iniciaron en la montaña los cultivos de marihuana en los años 60, a los grupos paramilitares que se apoderaron de los cultivos de coca para producir cocaína desde los años 70 y a todos los actores del conflicto armado interno que han pasado por su santuario y que los obligaron a permanecer como testigos silenciosos del saqueo y la explotación de la tierra.

Allí permanecieron durante años, cuidando un secreto muy bien guardado para honrar a sus ancestros hasta que en el 2003, un grupo de 11 turistas fue secuestrado. Los hechos revelaron que el secuestro fue una estrategia política de una de las guerrillas para lograr volcar los ojos del país y del mundo a esa montaña “olvidada” y bajo control paramilitar. Fue entonces que se comenzó a escuchar sobre la “Ciudad Perdida”.

Una Ciudad perdida en la selva: EL Machu Pichu colombiano

Nadie sabía exactamente ni que era, ni cómo era, pero se sabía que en la montaña nevada costera más alta del mundo al borde del mar caribe, se encontraba una misteriosa ciudad, una suerte de machu pichu colombiano, con vestigios arqueológicos de una civilización precolombina y en donde permanecieron cautivos los presos políticos.

Ir a la Ciudad Perdida es una especie de “hazaña”. Sólo su nombre remite a algo casi inaccesible, y así es.

Llegar hasta ella toma cuatro días caminando, durmiendo en medio de la selva en campamentos adecuados, algunos desde la época de los laboratorios del narcotráfico, otros adaptados para recibir a los miles de turistas de los cinco rincones del mundo que se lanzan a la aventura, atravesando ríos, subiendo y bajando montañas y sobretodo, bordeando terrenos inertes, quemados por el glifosato con el que se fumigaron a principios del siglo XXI, miles de hectáreas, no sólo de cultivos ilícitos, sino también de tierra fértil.

Cabe resaltar que la planta de la coca ha estado en Colombia y en el resto de países andinos desde tiempos ancestrales, pues la coca ha sido siempre, para los grupos indígenas de la cordillera de los Andes, una planta sagrada y mística. Prohibir su cultivo así sin más, es un atropello social y cultural para las comunidades indígenas, por eso, hoy en día, el Parque Nacional de la Sierra Nevada es área delimitada y protegida y en ella los indígenas ejercen su autonomía. Pero también es cierto que el “olvido” y la ausencia de Estado en muchas zonas rurales del país, como ésta, había ido transformando poco a poco la agricultura por la “narcocultura”. ¿Cómo culpar a los campesinos por reemplazar sus cultivos de yuca o de papa por cultivos de coca, si los grupos armados controlaban la zona y eran los que ejercían la ley?

Del glifosato a la nada

Cuando con el gobierno local y el de los Estados Unidos decidieron dar inicio al Plan Colombia para “erradicar” el narcotráfico, lo que hicieron en realidad, fue desplazar los cultivos a otros países, porque la realidad sobre el narcotráfico, todos sabemos, sigue siendo un problema en el mundo entero. El uso del glifosato dañó miles de hectáreas de tierra fértil, de cultivos agrícolas y pueblos que fueron rociados con el químico. El resultado ambiental, sanitario y cultural fue devastador. ¿Cómo reinventarse socio-culturalmente cuando lo único que sabías era cultivar, yuca, papa o coca, pero cultivar?

La resiliencia: de la coca al turismo

El contexto del conflicto colombiano fue cambiando, los cultivos de coca y demás alrededor, erradicados y los grupos armados fueron desmovilizándose o desplazándose a su vez a zonas en donde aún ejercen control, pero esa es otra historia.

La realidad de la majestuosa Sierra Nevada de Santa Marta es que sus gentes tuvieron que reinventarse.

La historia de los 11 turistas secuestrados atrajo una inesperada ola de turistas curiosos del mundo entero que querían descubrir la misteriosa ciudad perdida. Tuvieron que comenzar a organizarse, con los ojos del mundo puestos en ellos, tuvieron que proteger a los visitantes, garantizarles la seguridad y cobrarles para garantizar a su vez su propio sustento. Necesitaban cabañas, guías, rutas… Todo lo tenían y la historia…

La magia de la experiencia

Si has llegado hasta aquí en tu lectura sabrás que la historia es una de las cosas más interesantes de ese camino a la ciudad perdida. Sin dejar de lado la maravilla de caminar por senderos en donde sólo transitan peatones, caballos y mulas bordeando la montaña, en donde, cuando has perdido el aliento mientras subes, un niño indígena descalzo te pasa por el lado corriendo, o una familia indígena, la mujer con el chiquillo a la espalda y el hombre con su poporo de mezcla de coca mambeada y cal, te pasan por el lado.

Es indescriptible decirte lo que se siente cuando bordeas ciudadelas indígenas que parecieran haberse quedado en otro momento de la historia de la humanidad. Cuando llegas finalmente al destino y observas la majestuosa selva que la rodea, sus terrazas, sus vestigios, su realidad al día de hoy, conservada como lugar sagrado por los descendientes tayrona y si el universo confabula a tu favor y tienes la fortuna de sentarte con el mamo (el máximo líder de las comunidades indígenas de la zona) para que responda a alguna pregunta, tu viaje será aún más extraordinario. Yo le pedí un consejo para evitar los conflictos, dado que ellos han sabido resistir pacíficamente durante siglos. Sus palabras fueron: si quieres evitar el conflicto, deja de pensar que hay conflicto. Así de simple.

Observar desde allá el camino que has recorrido, la selva espesa que lo rodea y saber que has llegado así de lejos en busca de algo perdido te hace entrar en perspectiva y caes en la cuenta de la riqueza de los caminos que has transitado, de la experiencia vivida, de haber llegado hasta allí. Entonces, después de todo, te sientes afortunado de haber encontrado la ciudad perdida y de poder llamarla por su nombre: Teyuna.

Estos fueron nuestros pensamientos viajeros después de la mágica experiencia. Cuanto más pasa el tiempo, más integramos la profunda transformación que ocurrió en nosotros después de haber hecho ese recorrido en busca de la Ciudad Perdida en la selva Colombiana. 

Te animas a vivir esta mágica experiencia? Déjanos ayudarte. En éste artículo encuentras toda la información sobre cómo y cuando llegar, qué llevar, con qué empresa ir. 

Si tienes dudas, escribe en los comentarios, estaremos felices de ayudarte a vivir esta bella experiencia. Ayúdanos a difundir esta información! Sharing is Caring! 😉  Gratitud infinita y amor viajero! 

 

Sobre Nosotros

Lina y Mauro son los fundadores de VamoSomewhere.com. Son colombianos, han viajado por 20 países y van a darle la vuelta al mundo. Es un poco extraño hablar en tercera persona, así que cambiemos: Estamos felices de tenerte aquí. Escribimos sobre lo que amamos: viajes de todo tipo (físicos, internos, a pie, a dedo, en avión en pareja...) sobre sueños, emprendimiento y sobre como dejar huella en este planeta. ¡Síguenos!

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